
Historia de amor, identidad y tradición en la provincia de El Collao.
En la provincia de El Collao, en la ciudad de Ilave, la historia de Natividad Espinoza de Laquihuancano refleja el valor de preservar la lengua y las tradiciones ancestrales del pueblo aymara.
La mujer, de 73 años, recuerda que la primera vez que cargó a su nieta recién nacida, Brisda, prometió cuidarla y transmitirle todo su amor, además de dejarle como herencia su lengua y su historia.
En su hogar, a orillas del Lago Titicaca, cada mañana se convirtió en una oportunidad para enseñar a la niña nuevas palabras en idioma aymara, acompañadas de relatos y canciones antiguas que hablan de la tierra, el trabajo y el respeto por la comunidad.
Con el paso de los años, el vínculo entre abuela y nieta se fortaleció. Actualmente, Natividad es usuaria del programa social Pensión 65 y fue invitada a participar en la iniciativa Saberes Productivos, donde los adultos mayores comparten sus conocimientos con las nuevas generaciones.
Al inicio, la adulta mayor sintió temor porque no hablaba castellano y pensaba que no podría comunicarse con los escolares. Sin embargo, su nieta se convirtió en su principal apoyo.
“Mi abuelita me cuidó por años. Ahora me toca ayudarla. Yo traduzco sus palabras para que todos la entiendan”, cuenta con orgullo Brisda.
Desde entonces, abuela y nieta enseñan juntas en el colegio Urani, donde Natividad habla en aymara mientras su nieta traduce sus enseñanzas, permitiendo que las historias y canciones ancestrales sigan vivas entre los estudiantes.
La adulta mayor afirma que su mayor sueño es que el idioma aymara nunca se pierda y continúe transmitiéndose de generación en generación.



